sábado, 5 de noviembre de 2016

(TaoKai) Triwizard Tournament -Serial- Capítulo 3


   Notas: JongIn se comienza a adaptar lentamente a la vida que le espera durante todo el año en Durmstrang... pero no espera que esa vida vaya a ser tan dura...

•*´¨`*•.¸¸.•*´¨`*•.¸¸.•*´¨`*•.¸¸.•*´¨`*•.¸¸.•


Capítulo 3
La Copa de los Tres Magos


            A la mañana siguiente, JongIn se despertó y por un momento se encontró desubicado al no verse ni en la habitación de su casa ni en la del Colegio de Magia. Se tranquilizó solo cuando vio a TaeMin durmiendo despatarrado en la cama de al lado y recordó que no estaban en Hogwarts, sino en el barco que les había llevado al lugar en el que se encontraba Durmstrang. El chico suspiró algo aliviado. Después, se levantó de la cama y agradeció que el brebaje que le había preparado el chico de Ravenclaw siguiera haciendo efecto porque si no le habría dado un mareo enorme.

            Se dirigió a la cama en la que dormía su amigo y se lanzó encima del chico para despertarlo. TaeMin utilizó sus manos para quitárselo de encima, pero no pudo hacerlo porque estaba demasiado dormido y cuando abrió los ojos, JongIn le sonrió.

            —Despierta —le dijo—. Hoy es nuestro primer día en Durmstrang y tenemos que aprovecharlo.

            —Déjame dormir —murmuró, intentando taparse con las sábanas, pero JongIn las agarró para que no pudiera hacerlo. El rostro del chico apareció de nuevo, mirándolo de mala forma—. Kim JongIn, tengo sueño.

            —Tú fuiste el que me metió en esto, así que o te levantas o te levanto —amenazó.

            Unos minutos de miradas desafiantes después, su amigo se levantaba de la cama y ambos se vestían con el uniforme de la escuela antes de salir del camarote que les habían asignado para su estancia en el lugar, junto a los otros dos chicos de su escuela, que ya no se encontraban allí. Deambularon por los pasillos del barco hasta que llegaron a las escaleras que subían hacia la cubierta. Cuando salieron al aire frío de la mañana del Norte de Europa ambos se encogieron y sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos.

            —Joder, qué frío —murmuró JongIn—. Aunque la vista es bastante bonita.

            —Si fuera tan bonita cómo las chicas de Beauxbatons no me importaría salir aquí y desnudo —comentó su amigo, sonriendo de lado—. Así que vamos adentro.

            Unos minutos después, recorrían de nuevo los pasillos del barco y se encontraban con la directora McGonagall. La mujer los saludó con la cabeza y ellos hicieron lo mismo.

            —¿Venís de desayunar? —les preguntó. Ambos chicos se miraron y negaron con la cabeza.

            —Creíamos que se desayunaba en el barco —dijo TaeMin. La directora abrió sus ojos tanto que casi se le salieron de las cuencas al escuchar aquella respuesta.

            —¿Dónde estabais cuando lo expliqué todo? —cuestionó—. ¡Salid inmediatamente a comer antes de que os cierren el comedor! —gritó—. Y volved inmediatamente al barco para recibir vuestras clases, no vais a perder un año solo porque estéis lejos de Hogwarts.

            Los chicos salieron del barco de nuevo corriendo, motivados por los gritos de la mujer. Se olvidaron de coger sus abrigos y los echaron de menos cuando comenzaron a subir la cuesta hacia el castillo, pero cuando llegaron a la cima ya no los necesitaban. Comieron su desayuno rápidamente, mientras el comedor de Durmstrang se iba vaciando poco a poco de alumnos del Instituto, atrayendo algunas miradas, y luego bajaron de nuevo hacia el barco, donde les esperaba una intensa jornada de explicaciones de la directora McGonagall sobre el lugar en el que se encontraban, sobre cómo debían comportarse y sobre lo que tenían que hacer.

            JongIn atendió a todo lo que le dijo esta vez la mujer, con una sensación mala en su cuerpo, probablemente provocada por la magia negra que se condensaba y se podía respirar en el aire del castillo y de sus alrededores.


★★★


            Tenían una semana para echar su nombre dentro de la Copa de los Tres Magos, pero ninguno de los alumnos de Hogwarts quiso esperar demasiado para hacerlo por si lo iban aplazando y luego no podían hacerlo. No habían viajado tantos kilómetros y estaban pasando tanto frío por nada. Por eso, aunque apenas llevaban en Durmstrang dos días mal contados, los ocho habían decidido que era lo mejor. Así que se dirigieron en grupo hacia el castillo.

            A JongIn todavía le costaba subir aquella cuesta tan empinada, pero veía que a algunos de sus compañeros no les era ya tan difícil. El chico se extrañó bastante por este hecho y se acercó al chico de Ravenclaw, que ascendía como si aquello no le supusiera un gran problema, para preguntarle cómo lo hacía.

            —Perdona —lo llamó. El chico se giró hacia él con una sonrisa.

            —¿Sí?

            —Verás… quería preguntarte… ¿cómo puedes subir esta cuesta sin cansarte? —el chico lo miró por encima de sus gafas y luego rio. JongIn se sintió un poco estúpido porque por la risa del otro parecía que era algo que tenía que saber.

            —Bueno —comenzó el otro después de parar de reír—. Recuerdas que somos magos, ¿verdad? —JongIn asintió sin saber adónde quería llegar con eso—. Pues hay un hechizo muy sencillo para ello —pronunció las palabras y agitó su varita en dirección al chico, inmediatamente después, JongIn dejó de sentirse cansado.

            —Vaya… no se me había ocurrido —murmuró. El chico de Ravenclaw, del que por mucho que quisiera no recordaba el nombre, rio de nuevo y, después, fue junto a la chica de su Casa para seguir ascendiendo juntos.

            Algunos minutos más tarde, llegaron al castillo y aprovecharon que todavía quedaba algo de tiempo para el almuerzo para dirigirse a la sala en la que habían colocado la Copa de los Tres Magos, rodeada por una línea mágica que impedía que la cruzaran alumnos menores de catorce años. JongIn estaba bastante nervioso, aunque sabía que había otras personas mucho más listas que él representando a Hogwarts y que no lo iban a elegir a él. Pero aun así no podía dejar de pensar en que si ocurría un milagro y salía elegido, iba a morir en la primera prueba.

            TaeMin lo sacó de sus pensamientos con un codazo y le dio un trocito de pergamino para que escribiera su nombre y luego lo echase a la Copa. JongIn lo miró con un puchero, pero este simplemente se encogió de hombros y se dedicó a escribir en su propio papel. El menor puso sus ojos en blanco y luego escribió su nombre en el pergamino. Mientras estaba esperando a que la tinta se secase para poder doblarlo, entró a la sala el chico que le había hablado la primera noche. Caminaba con decisión hacia la Copa, mirándola fijamente y cuando llegó a la línea de edad la traspasó sin ningún problema y echó su nombre en el recipiente. Luego se dio la vuelta y paseó su mirada por la estancia, posándola durante unos segundos sobre JongIn, a quien le recorrió un escalofrío por la columna vertebral, antes de caminar luego hacia la salida.

            JongIn obvió la manera en la que su corazón había comenzado a latir y sopló sobre el pergamino para que la tinta se secara más rápido y así poder salir de allí cuanto antes mejor. Algunos minutos después, todos los alumnos de Hogwarts habían echado su nombre a la Copa y salían de la sala.

            —Oye —le dijo TaeMin—. ¿Quieres que vayamos a dar una vuelta por el castillo y descubramos cositas?

            —Quiero comer —lo cortó—. Después de almorzar iremos —TaeMin lo miró durante unos segundos y luego asintió.

            —Perfecto, pero si nos sentamos cerca de alguna de las chicas de Beauxbatons, le he echado el ojo a un par —comentó.

            —Está bien —JongIn arrastró su respuesta porque no tenía muchas ganas, pero si no quería que su amigo le diese la lata a todas horas con lo mismo, era mejor que lo acompañase.

            Se dirigieron al comedor y TaeMin lo guio al lugar en el que se encontraban dos preciosas chicas de Beauxbatons y ambos se sentaron frente a ellas para comer. Ambas chicas tenían un rostro precioso y un cuerpo que daba envidia, una de ellas era un poco más alta que la otra y JongIn podría jurar que probablemente fuera igual de alta que ellos.

            —Hola, señoritas —dijo TaeMin, ellas se giraron hacia él y lo miraron—. Mi nombre es TaeMin y mi amigo es JongIn, ambos somos representantes de Hogwarts, ¿cómo os llamáis vosotras? —preguntó. Las chicas se miraron y, como si con esa mirada supieran lo que la otra pensaba, asintieron a la vez.

            —Mi nombre es Sulli —dijo la chica alta.

            —Y yo soy SeulGi —se presentó la otra chica.

            TaeMin sonrió y comenzó una conversación con las dos en la que de vez en cuando participaba JongIn diciendo un par de palabras, aunque aún no se sentía cómodo con cosas como aquella.


★★★


            Finalmente el día que tenían pensado investigar el castillo y sus recovecos no pudieron hacerlo porque se pasaron toda la tarde en el comedor hablando con las dos chicas de Beauxbatons e incluso las acompañaron en la cena y después las llevaron hasta el lugar en el que había acampado su colegio. TaeMin le había comentado que si lo hacían bien y se las camelaban como Merlín mandaba, les podrían pedir que fueran sus acompañantes en el baile de Navidad.

            JongIn había estado de acuerdo porque no quería ir solo al baile, así que el otro ya había hecho las divisiones. Sulli sería para él y SeulGi para JongIn.

            A la mañana siguiente, después de desayunar, fueron a dar vueltas por los alrededores del castillo. Hacía muchísimo frío y el día estaba muy nublado, por lo que probablemente si caía algo del cielo sería nieve, así que decidieron no perderse demasiado porque si lo hacían probablemente no podrían volver. Por eso, simplemente caminaron hasta llegar al campo de quidditch y lo admiraron como si nunca hubieran visto uno. El de Hogwarts era una minucia comparado con aquel.

            —Wow —murmuró TaeMin—. Es impresionante… un campo digno en el que Victor Krum pudiera jugar durante su estancia en Durmstrang.

            —¿Victor Krum? —preguntó JongIn, sin saber quién era aquel chico.

            —Fue un jugador genial de quidditch y participó en el Torneo de los Tres Magos junto a Harry Potter —explicó—. En serio, ¿dónde has estado toda tu vida, JongIn? —cuestionó, girándose hacia él.

            El menor abrió la boca para contestarle, pero se calló porque en ese momento, apareció uno de los chicos de Beauxbatons, caminando con elegancia alrededor del campo de quidditch. Era bastante alto y tenía unos rasgos finos que muchos hombres envidiarían. JongIn se quedó embobado mirándolo avanzar y no volvió en sí hasta que TaeMin le dio un codazo.

            —Vale, eso ha sido muy raro, Kim JongIn —comentó—. Ayer apenas eras capaz de hablar con un par de chicas preciosas y hoy te quedas embobado con un tío.

            —Perdón —murmuró—. Es que se mueve con elegancia y ya sabes que la gente que se mueve de esa forma me llama la atención, ya sean chicos o chicas.

            —Sí, sí, lo sé —contestó el otro—. Te hiciste mi amigo por esa razón, sino recuerdo mal —JongIn sonrió.

            —Creo que deberíamos volver al barco —propuso—, parece que va a caer una buena nevada.

            TaeMin estuvo de acuerdo con eso y echó a andar en dirección al lugar en el que vivían ahora. JongIn lo seguía a un par de pasos de distancia, metido de nuevo en sus pensamientos. No era nada malo ser homosexual, los tiempos habían cambiado, tanto en el mundo muggle como en el mundo mágico, así que no tenía que preocuparse demasiado por ello y TaeMin era su mejor amigo, podía contárselo.

            Pero la duda siempre estaba ahí y Kim JongIn no quería perder a su único amigo.


★★★


            JongIn se levantó a la mañana siguiente y cuando miró a su alrededor y no vio a TaeMin pensó que este se había ido sin él a desayunar. El chico suspiró. Ni siquiera lo había intentado despertar para poder ir. JongIn se vistió y se abrigó, después, salió a la cubierta del barco. Una vez fuera, se encontró con su amigo, hablando con los demás alumnos de Hogwarts y algo aliviado, se acercó a ellos, escuchando una conversación a medias.

            —¿Entonces nos repartimos? —preguntaba la chica de Hufflepuff, era la más bajita de todos los presentes.

            —Será lo mejor —contestó TaeMin.

            —Bien —dijo el chico de Ravenclaw y todos fueron hacia la borda para después bajar del barco. JongIn estaba sumamente confuso y eso estaba reflejado en su rostro, porque no hizo falta que preguntara nada, TaeMin se lo explicó.

            —Vamos a ir todos a investigar el castillo a sus alrededores, así cubriremos más zona en menos tiempo y debido a que alguno de nosotros tendrá que competir en el Torneo, estaría bien saber qué podemos encontrar que nos pueda ser útil.

            —¿Y cuándo pensabas llamarme? —cuestionó el menor.

            —En cuanto termináramos de hablar —contestó—. Lo he intentado antes de salir pero parecías un muerto, así que te dejé ahí para luego volver.

            —Creía que te habías ido a desayunar con aquellas dos chicas de ayer —murmuró.

            —No, eso es mañana, hoy toca exploración, ¿estás listo?

            —Estoy listo.

            El día anterior habían ido ellos solos a dar una vuelta por Durmstrang, pero no habían podido ver mucho, así que esa mañana les fue bastante productiva. Sin embargo, a mitad de la mañana, JongIn se encontró solo en uno de los miles de pasillos del castillo, sin TaeMin a su vista.

            —Maldito sea, ¡ya se ha perdido!

            JongIn no era muy bueno con las direcciones, pero sí mucho mejor que TaeMin, así que era el encargado de guiarlo por todas partes, pero el mayor tenía la extraña manía de perderse en cuanto se descuidaba. El chico miró a su alrededor, buscando dónde habría podido meterse su amigo, sin encontrar ni rastro de él, por lo que bufó y quiso volver por donde había llegado, pero una voz a sus espaldas lo detuvo.

            —¿Buscas algo? —JongIn se giró, encontrándose al chico de ojos rasgados y mirada penetrante.

            —Oh… —murmuró—. No es nada, mi amigo se ha alejado de mí y voy a buscarlo.

            —Si quieres, puedo guiarte —se ofreció este.

            —No hace falta —le dijo—, creo que debe de andar por aquí cerca —miró a un lado y a otro con un puchero en sus labios, intentando encontrar a su amigo, pero sin éxito de nuevo.

            —Creo que sí que necesitas que alguien te ayude —comentó con una leve sonrisa.

            —Está bien —claudicó.

            El resto de la mañana lo pasó junto aquel chico que si no recordaba mal se llamaba ZiTao, buscando a TaeMin por los pasillos del Instituto Durmstrang, hablando de vez en cuando, aunque sin decir realmente mucho. Finalmente, a la hora del almuerzo desistieron y fueron a comer antes de que les cerraran las puertas, encontrando allí a TaeMin, hablando con aquellas chicas de Beauxbatons.

            —Yo lo mato —murmuró. El chico se giró hacia ZiTao—. Gracias por ayudarme a buscar a esta causa perdida.

            —No hay de qué —sonrió el otro y se retiró, dejándole vía libre para que pudiera matar a su amigo. Metafóricamente.


★★★


            La semana pasó demasiado rápido entre tantas cosas que estuvieron haciendo y antes de que se dieran cuenta de nada ya había llegado el día en el que de aquella Copa saldrían los tres nombres de los tres alumnos que participarían en el Torneo de los Tres Magos. JongIn estaba bastante nervioso, como todos, pero quizás era el único que no podía mantener bajo control sus nervios y menos sus piernas, que parecían no querer obedecerle y se movían solas en un incesante y nervioso golpeteo contra el suelo.

            Al entrar al castillo aquella noche para cenar, el chico notó mucha más concentración de la magia negra que se respiraba en el ambiente y se tuvo que agarrar al brazo de TaeMin para no caerse al suelo de piedra porque le dio un mareo leve. Su amigo lo miró interrogante, pero el JongIn le dijo que estaba bien, que solo necesitaba sujetarse unos momentos. Unos momentos después, entraban al comedor y se sentaban en un trozo de mesa que les habían dejado los alumnos de Durmstrang y en el que ya se encontraban los de Beauxbatons sentados.

            Algunos minutos después, cesaban todos los sonidos en la sala, cuando el director de Durmstrang se levantaba de su asiento y caminaba hacia donde se encontraba la Copa en la que habían echado sus nombres todos los presentes mayores de catorce años.

            —Hoy se darán a conocer los campeones de cada escuela de magia, aquellos que participarán en el Torneo de los Tres Magos —dijo, y su voz reverberó en las paredes de la sala—. Bien… —el hombre llevó su mano hacia el Cáliz, como si estuviera invocando algo y las llamas cambiaron de color, pasando de azulado a rojo unos segundos después era expulsado de repente un papel que fue recogido al vuelo por el director del Instituto—. El primer campeón… de Durmstrang es… ¡Hwang ZiTao! —leyó.

            Los alumnos de Durmstrang vitorearon el nombre de su campeón mientras este se levantaba de su asiento y caminaba hacia donde se encontraba su director, que le dio un corto abrazo y le indicó que se quedara esperando al pie de la escalinata. El corazón de JongIn, que había estado latiendo fuertemente durante la espera se calmó por unos segundos. Cuando los ecos de la emoción dejaron de escucharse en el comedor, las llamas volvieron a cambiar de color y de estas salió otro pequeño trozo de papel.

            —El siguiente campeón… de Beauxbatons… ¡Oh SeHun!

            Un poco más adelante del lugar en el que se encontraban sentados, los alumnos de Beauxbatons estallaron en aplausos y uno de los chicos se levantaba y agradecía a sus compañeros. Cuando apareció entre la multitud, JongIn pudo ver que se trataba del chico guapo en el que se había fijado aquel día cuando él y TaeMin habían estado rondando por los alrededores del campo de quidditch. Este se colocó junto a ZiTao y junto a la directora de su Academia.

            —Bien… y ahora el campeón de Hogwarts… —la mano de TaeMin buscó la suya y se la apretó mientras ambos miraban con intensidad al director de Durmstrang, esperando que pronunciara el nombre, el que fuera, pero que lo hiciera—. ¡Kim JongIn!

            El chico abrió los ojos como platos sin poderse creer que su nombre fuera el que había sido leído y su corazón dio un vuelco cuando se encontró con los ojos de su amigo, mirándolo sin poder creerlo también. Los vítores y los gritos se escuchaban a su alrededor, animándolo, pero JongIn estaba paralizado y por eso tuvo que ser empujado por alguien para que se pusiera en pie. Lo hizo tambaleándose bajo la atenta mirada de todo el mundo y luego caminó a trompicones hasta llegar dónde se encontraba la directora McGonagall.

            —Templa tus nervios, Kim JongIn, mantente firme —le susurró al oído la mujer y él asintió y lo intentó, aunque estaba seguro de que no lo hubiera conseguido del todo.

            Notó un movimiento a su izquierda y miró de reojo hacia ese lugar, viendo la mano de ZiTao extendida hacia él, en una clara invitación para que la tomara. JongIn alargó su mano y la tomó, esta era bastante cálida y agradable y se ajustaba perfectamente a la suya.

            —Enhorabuena —felicitó en un susurro.

            —Igualmente —murmuró JongIn y el otro chico soltó sus manos unos segundos después.

            —Y ahora que todos los campeones han sido elegidos, podéis comer y celebrar —dijo el director de Durmstrang—. Ellos se unirán a vosotros en breves momentos —el hombre se giró hacia ellos—. Seguidme —les dijo.

            Echó a andar y los tres campeones, junto a las directoras de sus escuelas, lo siguieron hasta introducirse por una puerta lateral del comedor que los alejaba del barullo y que daba a una pequeña sala. JongIn miró a su alrededor un poco asustado porque la magia negra estaba demasiado concentrada en aquel minúsculo espacio y solo pudo tranquilizarse cuando McGonagall le puso su mano en el hombro.

            —Aquí tenemos a nuestros tres campeones —el hombre los miró a todos de arriba abajo—. Esperemos que en esta edición no tengamos que lamentar la muerte de nadie.


★★★


            Una fiesta se celebró en su honor aquella noche dentro del barco en el que se alojaban. La música estaba a todo volumen y parecía no molestarle a nadie, la cerveza de mantequilla corría como si fuera agua y las batallitas que contaba TaeMin sobre su amigo eran historias que todo el mundo parecía querer escuchar. Todo era felicidad, todo era alegría y JongIn debería haber compartido todo eso, pero seguía demasiado impresionado.

            Todavía no podía entender por qué él de todos los presentes había sido el elegido.

            Por eso mismo, se excusó de la fiesta y fue a la habitación que compartía con TaeMin, lanzando un hechizo de silencio para no escuchar el alboroto del exterior. No tenía ganas de fiesta, solo quería regodearse en su miseria porque él, desde el primer momento, no quería estar allí. Como siempre que no tenía ni idea de qué hacer, el chico quería hablar con su madre y que esta estuviera a miles de kilómetros no lo disuadió para mandarle una lechuza.

            Escribió una breve carta en la que les explicaba a sus padres lo sucedido y luego tomó a NaEun, la lechuza de TaeMin, prestada para enviar la carta, seguro que su amigo no se lo reprocharía y de todas formas, el animal le tenía más cariño a él que a su propio dueño. Una vez la silueta de esta se perdió en la lejanía, JongIn se dio el lujo de cerrar la ventana del camarote, ponerse el pijama y echarse sobre la cama para intentar conciliar el sueño, aunque este se hizo de rogar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Tus comentarios son importantes para que el blog siga creciendo!