sábado, 24 de septiembre de 2016

(Varias) We can dance tonight -Mini serial- Capítulo 1


Título: We can dance tonight

Pareja: SuChen (SuHo x Chen) y ChenMi (Chen x BoMi) [EXOPINK – EXO x APINK]. Mención a muchísimas otras, tanto hetero como yaoi (os vais a hartar de parejitas en esta historia).

Tipo: Hetero / Yaoi

Géneros: Stripper!AU | Romance | Humor | Drama | Slight smut

Clasificación: NC–17

Descripción: JongDae necesita urgentemente dinero para poder pagarse los estudios y cede a los consejos de su amigo YiFan de trabajar como stripper en un club gay.

Advertencias: Desnudos, bailes made in chenshing machine (?) y relaciones sexuales (tanto hetero como yaoi).

Notas: Esta historia nació de una noche de desvaríos entre una amiga y yo después de ver un vídeo en el que Kim JongDae era demasiado puto como para ser real LOL. Espero que os guste.

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Capítulo 1


            El sol comenzaba a descender hacia su inevitable ocaso mientras JongDae se encontraba todavía sentado en una de las pequeñas y redondas mesas de aquella cafetería que le gustaba frecuentar junto a su chica. BoMi se había vuelto adicta al capuchino que servían en aquel establecimiento y cada vez que quedaban para tomar algo acababan allí, a JongDae también le gustaba ese sitio porque era un lugar muy recóndito, escondido en un pequeño callejón y fuera de la vista de muchas de las personas, por lo que era también muy tranquilo, un sitio en el que se podía hablar casi de cualquier tema sin tener que preocuparse por nada, un sitio en el que podían quedar personas que no quería que se las viera (el chico había visto más de una vez, incluso, a ídolos del momento, con sus parejas o con miembros de su grupo, tomando café de tranquilamente y sin que ninguna fan loca se les acercara).

            El local estaba decorado de una forma bastante minimalista, blanco roto con algunos toques de colores cálidos, y tenía algunos cuadros de lo que podía considerarse arte contemporáneo, pero que para el chico, que nunca había tenido ojo artístico, le parecían solo rayajos. Aun con la falta de decoración, era muy acogedor y JongDae se sentía bastante a gusto cuando se encontraba con BoMi allí.

            Miró a su chica por encima de la taza de su café mientras le daba un pequeño sorbo a su bebida. BoMi era preciosa, pero aquel día estaba mucho más guapa que nunca y JongDae no sabía si era su percepción o su subjetividad para con ella. Su rostro siempre había sido como el de una muñequita de porcelana y sus ojos, vivaces y traviesos, su nariz era pequeña, al igual que sus labios, pero estos se ajustaban perfectamente a los suyos, y una boca grande en aquella pequeña cara le habrían dado otro toque a su chica que no imaginaba. BoMi siempre había sido de aquella manera y no la podía concebir de otra forma.

            Recordó cuando la había conocido, un par de años atrás, cuando comenzó la universidad. Ella estaba en la clase de KyungSoo y cuando fue a verlo un día y BoMi apareció en su campo de visión, lo primero que pensó fue que un ángel había caído del cielo, lo segundo, que seguro que se había hecho daño al caer porque no podía ser posible que aquella chica tan perfecta estuviera haciendo el tonto junto a los chicos, en vez de ser como las demás, que cuidaban su imagen más que nada. Eso fue lo que más le llamó la atención, su personalidad, y por eso cogió una de las optativas de la carrera de su amigo, para poder estar junto a ella y conocerla.

            JongDae volvió al mundo real cuando notó que BoMi lo miraba fijamente, con una sonrisa traviesa, y no pudo evitar devolverle otra por inercia.

            —¿Pasa algo? —cuestionó él. La chica negó con su cabeza y algunos mechones de su pelo lacio y castaño escaparon de la sujeción que tenían tras su oreja—. ¿Entonces?

            —Mmmmm… —murmuró ella antes de contestar—. Te me has quedado mirando embobado.

            —No puedo evitarlo —contestó, esbozando una sonrisa—, eres demasiado preciosa y me pierdo.

            BoMi rió exageradamente, tapándose la boca con una mano e intentando con la otra llegar a su cuerpo para pegarle un par de palmadas en el brazo. Siempre hacía aquello cuando recibía un cumplido porque no se creía merecedora de ellos, siempre decía que había chicas mucho más guapas que ella. Era en esos momentos, cuando JongDae siempre se acercaba a ella, le daba un casto beso en sus labios rosas y le decía que para él siempre sería la más hermosa de todas.

            Antes de volver a quedar atrapado en sus recuerdos o en los traviesos ojos de su chica, JongDae observó cómo el cielo comenzaba a ser de un color mucho más oscuro que momentos antes, indicándole que era el momento de volver a casa porque al día siguiente ambos tenían clases.

            —Creo que es momento de llevarte a casa —anunció. BoMi hizo un puchero durante unos segundos, tentándolo a pasar un poco más de tiempo junto a ella, pero al ver que no surgió efecto simplemente asintió y tomó su bolso.

            Ambos se acercaron al mostrador en el que se encontraba la chica que cobraba y JongDae le dedicó una sonrisa encantadora en la que se le curvaban las comisuras de los labios hacia arriba, dándole un aspecto gatuno y travieso, llevándose un pellizco en el brazo por parte de su chica por ser amable con las demás personas del género femenino, antes de pedirle educadamente cuál era el importe que debía pagar. Una vez obtuvo la cantidad sacó su billetera del bolsillo trasero de sus vaqueros ajustados y la abrió, descubriendo que por más que mirara una y otra vez, por todos los bolsillos que tenía esta, no encontraba el dinero suficiente. El chico cambió su sonrisa por una expresión de mínima angustia, porque tendría que pagar con la tarjeta y no le hacía mucha gracia aquello, pero no tenía más remedio. Sin embargo, cuando fue a tomar la tarjeta de su cartera, la suave mano de dedos delicados y finos de BoMi lo detuvo, haciendo que alzara su cabeza para mirarla.

            —Si no tienes suelto no pasa nada —dijo—. Hoy pago yo.

            —Pero… —comenzó a protestar, aunque no pudo hacerlo mucho porque ella lo cortó inmediatamente.

            —Siempre me invitas tú y no me dejas pagar absolutamente nada —argumentó—, eso es algo anticuado, pasado de moda, ahora se lleva lo de pagar a medias las cosas o que las mujeres inviten.

            —BoMi…

            —Calla, si sabes que tengo razón.

            La chica ignoró lo que él le quería decir y simplemente sacó la cantidad que debían abonar antes de que pudiera abrir la boca para argumentar nada. Después, se despidió de la muchacha que se encontraba tras el mostrador y tomó a JongDae de la mano para sacarlo del establecimiento. JongDae se sentía mal por no haber sido capaz de invitar a su chica por culpa de no haber sido previsor, ya estaban a final de mes y tenía que haber comprobado que llevaba dinero antes de proponerle que tuvieran una cita esa tarde, aprovechando que estaban más o menos libres ese día.

            —No pongas esa cara —le dijo BoMi, deteniendo bruscamente su camino—. No es algo para morirse que te invite tu chica alguna que otra vez —esbozó una sonrisa pícara—, además, si quieres puedes hacer algo por mí y ya estaríamos en paz.

            Aquella sonrisa nunca presagiaba nada bueno. La primera vez que JongDae la había visto había sido cuando ella le dijo que tenía algunos problemas con la asignatura que compartían y que si podía ayudarla. Esa vez acabaron a punto de hacerlo en cualquier rincón oscuro de la biblioteca de la universidad porque BoMi se había acercado a él, lo había besado y después (ella negaría siempre que lo hubiera hecho premeditadamente, pero JongDae no pensaba aquello precisamente), comenzó a rozar su entrepierna incesantemente y el chico casi había estado a punto de perder el control. Todavía era joven y no necesitaba mucho para calentarse, y BoMi había ido muy allá. En ese momento no eran novios, pero después de aquello ambos decidieron que mínimo entre ellos había una gran tensión sexual no resuelta.

            —Miedo me das… —murmuró.

            —Dentro un par de semanas mis padres no estarán en casa —anunció, y no dijo nada más porque sabía perfectamente que JongDae había entendido perfectamente lo que quería decir con aquello.

            —No haré planes para esos días —contestó, haciendo que la sonrisa de BoMi se hiciera más amplia.

            —Perfecto.

            Después de aquello, echaron a andar de nuevo, hablando de todo y de nada a la vez mientras que las luces de las farolas en las calles comenzaban a encenderse. No eran más de las seis de la tarde, pero el sol ya estaba prácticamente oculto tras los edificios. Con la llegada de la oscuridad, un leve viento fresco se hizo presente y JongDae notó tiritar a su chica, así que le pasó un brazo por los hombros para transmitirle un poco de su calor y decidió que era mejor dejar de dar vueltas e irse directamente a casa.

            Por eso, ambos se dirigieron a la parada de bus más cercana al lugar en el que se encontraban y en la que hacía escala uno de los autobuses que la llevaban hasta su vivienda. Cuando estaban en aquel lugar, esperando a que el vehículo llegara, BoMi se giró hacia él y le dio un corto beso en los labios antes de hablar.

            —No hace falta que me dejes en casa —dijo—. No es tarde.

            —Pero está oscuro —contestó él.

            —Y hay farolas para contrarrestar esa oscuridad —replicó ella—. Guárdate tu caballerosidad para otro día que sea más tarde.

            —BoMi, déjame hacer algo por ti, ya que no he podido pagar —intentó, pero su chica negó con la cabeza.

            —Siempre haces mucho por mí, además, sé que tienes que entregar un trabajo antes de que acabe el mes y aún no lo has terminado.

            —¿Has hablado con KyungSoo? —cuestionó y ella hizo un ruidito en forma de asentimiento.

            —Si no lo hiciera te pasarías el día conmigo y ninguno de los dos haría nada —contestó.

            —Creo que debo dejar de ser su amigo —comentó.

            —No creo que te deje —dijo ella con una gran sonrisa—, te atará a la pata de la mesa de su escritorio para que no te vayas de su vida —JongDae rió, sabiendo que aquello era más que probable y luego se dio cuenta de que el autobús que la llevaría hasta su casa estaba a punto de llegar y tenía una última oportunidad.

            —¿De verdad que no quieres que te lleve? —volvió a preguntar, pero la respuesta fue la misma, negativa—. Entonces mándame un mensaje cuando llegues a casa.

            —Siempre lo hago.

            BoMi le dio otro beso antes de sacar la tarjeta del bus del bolsillo de sus pitillos beige y subirse, despidiéndose con la mano del chico hasta que el autobús se puso en marcha. JongDae no se movió de la parada hasta que no vio al vehículo girar en la esquina, y luego se dio la vuelta, en busca de la parada más cercana que lo llevara hasta la casa en la que vivía junto a sus padres. Cerca de una hora más tarde, cuando todavía se encontraba en su autobús, le llegó un mensaje de BoMi anunciando que había llegado a su casa sana y salva. Solo en ese momento, el chico se permitió relajarse y disfrutar de la noche iluminada de las calles de Seúl hasta que llegó a la parada en la que tenía que bajarse.


            Cuando JongDae salió de su casa aquella mañana, tras despedirse con un beso de su madre y bajar las escaleras que lo llevaban a la calle, lo último que esperaba encontrase era a BaekHyun esperándolo fuera, echado contra el muro de hormigón de enfrente. Era demasiado extraño que su amigo apareciera allí, demasiado, pero seguro que tenía una buena explicación para ello. JongDae salió finalmente del bloque de apartamentos en el que vivía con su familia y se acercó a BaekHyun, quien lo saludó con un leve asentimiento con su cabeza. Se fijó en que BaekHyun estaba bastante despeinado y llevaba la misma ropa que el día anterior.

            En ese momento, a JongDae ya no le pareció nada extraño encontrarse al chico en la puerta de su casa esa mañana.

            —¿Una noche movidita? —cuestionó, aunque ya sabía la respuesta.

            —Una noche perfecta, no movidita —respondió BaekHyun, echando a andar y JongDae no tuvo más remedio que seguirlo.

            —Tu ligue de anoche vive por aquí cerca y pensaste que mejor que ir solo a la universidad era pasarte por mi casa y darme todos los detalles sobre tu encuentro, ¿verdad? —su amigo se detuvo durante unos segundos y lo miró con sus ojos castaños antes de bufarle como si fuera un gato—. Eso es que tengo razón. ¿Cómo era la chica esta vez?

            Una sonrisa apareció en el rostro de BaekHyun, una sonrisa que decía claramente que no iba a parar de hablar hasta que no llegaran a la facultad y, que probablemente, seguiría en las clases hablándole sobre aquello porque le parecía que era de más interés su vida sexual que la clase que tenían a primera hora del profesor MinHo.

            —Era preciosa, como salida de un cuento de hadas —comenzó—, incluso era más bajita que yo.

            —Wow, eso ya es un logro —comentó JongDae, llevándose un golpe en el brazo de su amigo.

            —Tú tampoco puedes presumir de altura, medimos lo mismo —replicó.

            —Pero yo tengo suerte de que BoMi sea tan pequeña y adorable que no se nota mi falta de altura —se vanaglorió de la perfección de su chica, recibiendo un pellizco por parte del otro—. ¿Por qué estás hoy tan maltratador? Ni que fueras KyungSoo.

            —Porque no me dejas hablarte de lo genial que ha sido mi noche.

            BaekHyun hizo un puchero y JongDae no pudo evitar reír levemente. El rostro de rasgos femeninos de su amigo y las expresiones que ponía hacían que de vez en cuando se olvidara de que estaba hablando con un chico y pensaba que era una mujer con quien se encontraba. Aquella sensación se incrementaba cuando salían por la noche y BaekHyun llevaba una capa de maquillaje más gruesa que la mayoría de las mujeres que los rodeaban.

            —Muy bien, Byun BaekHyun —claudicó—. Háblame de tu magnífica noche y de tu preciosa acompañante.

            Su amigo esbozó una sonrisa y ambos se sentaron a esperar el bus, ya que habían llegado a la parada más cercana a su casa. BaekHyun comenzó a hablar inmediatamente después sobre aquella tal TaeYeon que había conocido la noche anterior y, tal y como había predicho JongDae, no paró de hablar de aquello hasta que no llegaron a la universidad.

            —Por cierto, ¿cuándo te vas a venir de fiesta con todos otra vez? —cuestionó, mientras subían las escaleras hacia su clase.

            Aquella era una pregunta que JongDae no quería escuchar, así que intentó hacer oídos sordos a ella y miró a su alrededor intentando encontrar una salida, hallándola cuando vio a lo lejos a otro de sus amigos. El chico suspiró y luego le cogió la mano a BaekHyun para tirar de él por los pasillos repletos de estudiantes de la facultad, en dirección a ChanYeol. ChanYeol era bastante divisable a pesar de que aquel lugar estuviera abarrotado porque era más alto que la mayoría de los estudiantes que se encontraban en aquel lugar, a YiFan le pasaba lo mismo, ambos destacaban por su altura allí dónde no muchas personas sobrepasaban el metro setenta.

            —¡ChanYeol! —lo llamó, agitando su mano para que cuando el otro se girara tras escuchar su nombre, pudiera verlos.

            El chico se detuvo cuando los vio y les dedicó una sonrisa blanca plagada de dientes, esperándolos para luego caminar los tres juntos hacia la clase. Cuando estuvieron junto a él, JongDae quiso hablar para cambiar el tema de conversación, pero lo primero que dijo ChanYeol lo hizo callar abruptamente.

            —Te eché mucho de menos anoche, Baek, ¿dónde te metiste? —comenzó—. Un momento estabas a mi lado y al siguiente ya te habías ido.

            —En la cama de una preciosa señorita —respondió el otro—. Se lo estaba contando a JongDae y también le he preguntado que cuándo va a dignarse a salir con nosotros otra vez, que la noche es joven y nosotros todavía lo somos más.

            —La próxima vez que te vayas a ir con alguna avisa antes, que luego KyungSoo se preocupó porque te hubiera pasado algo —reclamó ChanYeol—. Yo que tú, tendría cuidado hoy con tu cuello.

            JongDae vio cómo BaekHyun tragaba saliva ante aquello y estuvo tentado a reír, pero no quería llamar la atención de ninguno de los dos. Sin embargo, le hacía mucha gracia la fijación que tenía KyungSoo con el cuello de BaekHyun y lo mucho que disfrutaba asfixiándolo cuando el chico no lo dejaba en paz o cuando había hecho alguna trastada, cosa que ocurría con frecuencia. (ChanYeol y él habían apostado una vez cuántas veces podía ser capaz de ahogarlo en un día y habían sido bastantes).

            —Intentaré no cruzarme mucho con él hoy —murmuró.

            —Tienes clase a segunda con él —comentó JongDae, intentando aportar su granito de arena a la tortura de BaekHyun, pero aquello solo hizo que se giraran hacia él y volvieran a preguntarle por lo que no quería que le preguntasen.

            —¿Entonces? ¿Cuándo vas a salir con nosotros? —cuestionó esta vez ChanYeol y aquella vez no tenía ninguna escapatoria.

            —Nunca, estoy más pelado que las putas en cuaresma —terminó contestando—, así que como no me prostituya va a ser que no me vais a ver el pelo por un club en lo que queda de año.

            Y dicho esto, JongDae se fue hacia la clase, dejando a sus amigos atrás y sentándose en una de las bancas del medio de la clase. Ya no había vuelta atrás, ya había reconocido que no tenía ni un duro ante sus amigos, exponiéndose a sus burlas o a sus intentos por ayudarlo, y no sabía lo que era peor. Solo esperaba que aquello no calara mucho en sus amigos y que lo dejaran tranquilo, aunque sabía que siendo como eran ellos no iban a parar hasta ponerle una solución a aquel problema que lo metería en un entuerto aún mayor. Los conocía demasiado como para saber aquello, pero también estaba convencido de que la esperanza era lo último que se perdía en aquellas situaciones.



            JongDae tenía la vana esperanza de que sus amigos dejaran la cosa de que no tenía dinero para salir con ellos correr, pero como sabía en lo más profundo de su ser eso, que era una esperanza vana. Por eso ni siquiera intentó huir cuando ChanYeol y BaekHyun lo arrastraron a la cafetería de la universidad, le pagaron el almuerzo aunque protestó una y otra vez que tenía dinero para pagarse su comida, y luego lo sentaron en la mesa que ocupaban ya YiFan y KyungSoo. El chico sintió la penetrante mirada de cuatro personas sobre sí y supo que aquello que tenían pensado no iba a ir nada bien, más que nada porque ya sabían de su situación dos personas con las que no había mantenido ninguna conversación esa mañana.

            “Maldita comunicación de alta velocidad” se quejó para sí mismo “debo construir una máquina del tiempo y matar al que inventó el teléfono móvil y después darle una paliza al que hizo whatsup”.

            —Muy bien, Kim JongDae —comenzó ChanYeol—. Hemos establecido que esta situación requiere que se tomen medidas adecuadas, por eso hemos convocado una reunión de emergencia para ver cómo la solucionamos.

            —No, por favor —se quejó el chico, pero ninguno de ellos le hizo caso alguno.

            —Nos han dicho Yeol y Baek que no tienes dinero para salir de fiesta —dijo YiFan—, y que como no te prostituyas no puedes conseguirlo, así que he estado pensando en algo que lo mismo te conviene.

            Aquellas palabras llamaron la atención de todos los que se encontraban en la mesa y se acercaron al mayor de todos ellos solo con un gesto de las grandes y huesudas manos del chico. Al parecer, aquello que iba a decirles no podía salir de aquel círculo y eso lo hacía mucho más interesante, aunque a JongDae no le interesara mucho porque la forma en la que había comenzado la frase no le había dado muy buena espina.

            —Cuenta —pidió KyungSoo, haciendo que YiFan esbozara una sonrisa torcida y que frunciera levemente su ceño, haciendo que sus pobladas cejas se juntaran, dándole un aspecto entre serio y juguetón.

            —Hay un club… —empezó—. Un club nocturno en el que están buscando a alguien para sustituir a una persona que se ha ido hace poco tiempo y pagan bastante bien para lo que se hace.

            —¿Qué clase de club es ese? —cuestionó BaekHyun, demasiado interesado porque todo lo que tenía que ver con clubes le parecía algo digno de mención y algo digno, por supuesto, de pasarse por aquellos lugares.

            —Es el Playboy, un club de striptease… gay —contestó YiFan.

            Durante unos segundos la mesa en la que se encontraban con sus olvidadas bandejas de comida se quedó completamente en silencio, pero aquello no duró más que unos segundos porque BaekHyun y ChanYeol no tardaron en estallar en carcajadas mientras decían cosas sin sentido sobre que jamás se habían esperado que YiFan, sobre todo YiFan, el serio YiFan, frecuentara esa clase de lugares para así poder obtener la atención de algún hombre. JongDae estuvo tentado a reír con ellos, o al menos a esbozar una leve sonrisa, como hacía KyungSoo, pero una de las cosas que había dicho había llamado mucho su atención.

            “Y pagan bastante bien para lo que se hace”.

            ¿Qué es lo que harían en aquel lugar? JongDae no tenía ni la más mínima idea, pero si YiFan iba a un lugar como aquel significaba que no podía suceder nada demasiado indecoroso porque siempre había sido fácilmente impresionable con aquellas cosas y más de una vez le había tenido que decir a ChanYeol, con quien había compartido habitación en la residencia hasta ese mismo año, que se tapara porque el otro era muy poco pudoroso. El chico negó casi imperceptiblemente con la cabeza. No. No podía estar pensando siquiera en aquello, no podía estar replanteándoselo, porque vale que tenía problemas financieros, pero seguro que había otros empleos que no necesitasen que su cuerpo fuera expuesto.

            Sin embargo… aquella idea quedó latente en su cerebro mientras sus amigos seguían descojonándose de la doble vida que parecía llevar YiFan.


            JongDae sentía la calidez de la mano de BoMi dentro de la suya mientras caminaban por las abarrotadas calles de la ciudad de Seúl; sin embargo, no notaba nada más a pesar de que estaba sometido a una gran variedad de estímulos sensoriales a su alrededor. Estaba demasiado ensimismado, pensando. El chico no paraba de darle vueltas a aquello que le había sido dicho el mediodía anterior cuando pasó el rato con sus amigos en la cafetería. No podía quitárselo de la cabeza.

            Estaba en una mala situación económica, siempre lo había estado, pero en los últimos tiempos su situación había empeorado. Desde que había empezado a estudiar necesitaba de una beca que solo podía mantener a base de tener prácticamente las mejores notas de la clase porque el dinero del que podía disponer de casa era insuficiente. La matrícula le era pagada todos los años y los gastos que tenía de la universidad eran prácticamente cubiertos por aquel dinero, pero no en su totalidad y sus padres debían darle algo de dinero para poder seguir estudiando. Sin embargo, las cosas en casa no iban del todo bien y un poco de dinero extra que ganase vendría bastante bien para pagar los gastos suyos y para vivir más desahogadamente en su casa.

            Tan metido se encontraba en su propio mundo, que apenas se dio cuenta de que su chica le estaba hablando y solo salió de su ensimismamiento cuando BoMi le apretó el brazo y le clavó las uñas en él. Aguantando un pequeño grito de dolor, se giró hacia ella, mirándola con disculpa porque sabía que debía haber hecho algo mal, BoMi no solía ser violenta con nadie, menos con él.

            —Lo siento, cariño —murmuró—. Estaba distraído.

            —Ya lo veo, ya —había una mínima nota de desaprobación en sus ojos castaños y JongDae se sintió un poco culpable por ello.

            —Lo siento, hay un trabajo que me está volviendo loco y no sé cómo solucionarlo, por eso… —mintió. No le podía decir a BoMi sobre su situación y sobre lo que estaba pensando realmente—. ¿Qué era lo que decías?

            Su chica lo miró, intentando evaluar si estaba bien de verdad o si le había mentido sobre lo que había dicho, pero pareció no notar nada y simplemente tomó su brazo de nuevo para alcanzar su mano antes de comenzar a hablar de nuevo.

            —Ayer nos llevó ChoRong en su coche a todas, bueno, EunJi no pudo venir porque tenía mil cosas que hacer, pero otro día vendrá —empezó—. Dimos una vuelta por Hongdae, pero fuimos a ningún club, si eso te preocupa —aclaró—, solo fuimos a cenar.

            —Ya sabes que no me importa que vayas a algún club con tus amigas —dijo sinceramente. Él no tenía ninguna potestad sobre su chica y tampoco podía decirle cuándo o con quien debía salir—. Sé que no te vas a enrollar con ningún otro tío, confío en ti.

            —Aw~ —BoMi se colgó de su brazo haciendo aegyo—. Eres un encanto.

            —Lo sé —sonrió JongDae—, pero bueno, sigue contando —ella le devolvió la sonrisa antes de volver a hablar.

            —Te conté que se sacó el carné de conducir hace poco, así que todavía no está muy segura y como nos llevaba a todas tenía un poco de miedo de que nos pasara algo, así que iba conduciendo como una abuela mientras NamJoo y yo la intentábamos poner de los nervios.

            BoMi siguió contando la historia de su extraña salida por Hongdae y lo bien que lo habían pasado con una sonrisa preciosa en el rostro. JongDae no pudo evitar reír con ella porque parecía muy feliz, siempre era muy feliz cuando pasaba el tiempo con sus amigas porque cada una estaba en una universidad diferente y no coincidían demasiado, así que JongDae jamás le arrebataría nada de aquello, no tenía ningún derecho siquiera.

            —Algún día tienes que venirte con todas nosotras —dijo después de terminar de narrar lo que habían hecho el día anterior—. Las has ido conociendo poco a poco, pero no hemos podido coincidir todos juntos nunca.

            —No creo que pueda sobrevivir a ello —comentó—. De una en una ya he tenido bastantes problemas.

            —¡Pero tú me presentaste a todos tus amigos de golpe! —se quejó ella.

            —Eso no puede contar, mis amigos nos abordaron en mitad de una cita —respondió—, yo no tuve nada que ver en eso.

            —Lo sé —sonrió ella—, pero no por eso voy a dejar de querer que un día te reúnas con todas.

            BoMi le puso ojitos, pestañeó varias veces y luego puso morritos. JongDae no pudo resistirse a ello, casi nunca podía resistirse cuando ella ponía aquellas caras, así que no pudo hacer más que asentir a ello.


            La biblioteca estaba prácticamente vacía cuando KyungSoo y JongDae salieron de ella aquella fría noche de primavera. Se habían pasado toda la tarde dentro de aquel ya tan conocido edificio intentando terminar cada uno trabajos que tenían que entregar para aquella semana o la siguiente y era ya demasiado tarde, la oscuridad ya había caído hacía tiempo en la ciudad y las luces de las farolas eran las únicas que iluminaban las calles. Apenas habían hablado durante todo el tiempo que habían estado juntos, pero apenas salieron a la calle, el menor y más bajito no tardó en comenzar a hablar.

            —No sé si lo que voy a hacerte es una pregunta indiscreta o no —fue lo primero que dijo—, pero me gustaría saber algo.

            —Puedes hablar, KyungSoo —le respondió—. Sabes que no me voy a ofender por lo que digas.

            —¿De verdad es tan mala la situación en tu casa? —cuestionó.

            JongDae se mordió la lengua antes de contestarle. No sabía si decirle la verdad o matizarla. KyungSoo nunca había dado muestras de ser cotilla, nunca había sido de esa clase de persona, así que si le preguntaba sobre ello era porque realmente estaba preocupado por él. Por ese motivo, JongDae decidió responder con la verdad.

            —Sí.

            —¿Necesitas ayuda de algún tipo? —JongDae negó con la cabeza.

            —No quiero ser una carga para nadie —contestó.

            —Entonces trabajar es tu mejor opción —murmuró.

            —Lo sé.

            Después de aquello no volvieron a hablar porque en unos minutos sus caminos se separaron. KyungSoo vivía en la residencia que había cerca de la universidad junto con ChanYeol, BaekHyun y YiFan, así que se despidieron y JongDae siguió su camino. Como siempre, tuvo que tomar el metro y el bus para poder llegar a su propia casa algo más de una hora después de que saliera de la facultad, tomando la última línea que le permitía regresar. Estaba bastante cansado aquel día y lo único que necesitaba era tirarse sobre la cama y dormir hasta el día siguiente. Sin embargo, cuando llegó a casa, lo que se encontró le quitó aquellos pensamientos de golpe.

            Le extrañó muchísimo que las luces del salón estuvieran encendidas, pero ver a su madre rodeada de papeles de facturas y con la calculadora al lado hizo que una espinita se clavara en su corazón. Con este encogido, se acercó a ella y le puso una mano en el hombro para llamar su atención, ya que no se había dado cuenta de su llegada.

            —¿Qué haces aquí tan tarde, mamá? —preguntó, aunque lo sabía.

            —No he tenido tiempo en todo el día de hacer cuentas y es algo que tenía que hacer —le respondió, esbozando una cálida sonrisa.

            —Debes de estar cansada…

            —No, estoy bien —murmuró—. Hoy no he tenido mucho trabajo que hacer.

            —¿Dónde está papá? —le preguntó, sabiendo que no iba a poder hacer que su madre se fuera a la cama inmediatamente y cambiando de tema podía intentar lograrlo.

            —Está en la cama, la espalda lo estaba matando hoy y ni siquiera ha cenado —contestó.

            —Deberías irte tú también a la cama, mamá —aconsejó—. Esto puede esperar hasta mañana, que sé que no tienes turno en el trabajo.

            —No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy —un refrán salió de los labios de su madre, dando por cerrado aquella conversación, pero no por eso JongDae dejó el tema.

            —No me voy a ir de aquí hasta que no te vayas tú a la cama —dijo, utilizando su última baza.

            Su madre dejó la calculadora que hasta el momento no había parado de utilizar y se giró hacia él lentamente. Estaba a punto de caer e irse a dormir para descansar, justo lo que pretendía que sucediera.

            —Estarás cansado después de todo el día en la universidad —respondió ella.

            —Entonces, como tú estás cansada por estar todo el día trabajando y yo también por estar en las clases, lo mejor será que nos vayamos a dormir para descansar —la mujer que se encontraba ante él suspiró después de su discurso, pero no tardó apenas unos segundos en levantarse.

            —Venga, demos el día por terminado —claudicó—. ¿Has cenado?

            —Antes de venir —mintió para no extender más el tiempo que su madre pasara despierta—, así que me voy a la cama.

            —Que descanses.

            —Buenas noches mamá.

            Se despidieron en el pasillo después de apagar las luces de la casa y cada uno se dirigió a su propia habitación. JongDae se tiró sobre la cama, con la ropa puesta todavía y con un solo pensamiento en su mente. Necesitaba un trabajo. Hablaría con YiFan sobre aquello que el otro le había comentado hacía unos días.


            Apenas había pasado una semana de la primera vez que JongDae había escuchado hablar sobre el lugar en el que supuestamente estaban buscando a alguien, pero el chico le había dado algunas vueltas a la posibilidad de presentarse. Tanto había pensado en ello que necesitaba hablar con YiFan de aquel club, preguntarle cosas sobre este y saber qué sería lo que tendría que hacer en el hipotético caso de que finalmente se presentara en aquel lugar. Por ese motivo, a pesar de ser un día en el que no tenía que ir a la universidad porque esta estaba cerrada, JongDae quedó con su amigo en aquella cafetería recóndita que le gustaba frecuentar junto a su chica.

            Cuando JongDae llegó a aquel lugar no le hizo falta buscar con la mirada a su amigo porque este destacaba como un farolillo. Alto, tintado de rubio y expresión seria. Aquello lo hacía único en el local, así que no tuvo problemas para verlo y acercarse a él hasta sentarse en la misma mesa. JongDae le sonrió y YiFan le devolvió la sonrisa, haciendo que su rostro mutase completamente y una expresión agradable se extendiese por su cara. El chico había sido así desde que lo conocía, siempre tenía el ceño fruncido ante los desconocidos y una sonrisa cálida hacia sus amigos.

            —¿Y bien? —dijo YiFan en cuanto se sentó—. ¿Para qué me has hecho salir de la cama un domingo y a horas tan tempranas?

            —Wu YiFan… son las doce de la mañana —replicó JongDae—. No es temprano.

            —Para mí sí.

            YiFan ya tenía una taza de café sobre la mesa y no tardó en llevársela a los labios para beber un sorbo, dándole un aire dramático a sus palabras. JongDae suspiró porque no podía luchar contra lo teatral que a veces se ponía su amigo cuando no dormía y simplemente pidió algo de beber antes de empezar a hablar de lo que realmente importaba: el club del que le había hablado.

            —Sobre lo que estuviste comentando el otro día… —comenzó, algo indeciso sobre cómo ponerlo en palabras—. Cuando me diste la solución a mis problemas económicos…

            —Ah, ¿lo del club de striptease gay? —dijo, cortándolo, en un tono de voz quizás demasiado alto para el lugar pequeño en el que se encontraban, haciendo que unas personas que se encontraban cerca de ellos se giraran para mirarlos. JongDae les pidió disculpas con la mirada y luego clavó sus ojos en YiFan, mirándolo con dureza por haber alzado la voz y justo diciendo las palabras “club de striptease” y “gay”—. I’m so sorry —se disculpó—, pero era eso, ¿cierto?

            —Sí, eso era —reconoció JongDae, muy a su pesar—. Dijiste que pagaban bien y que no había mucho que hacer, realmente, por eso estoy interesado en saber qué es lo que realmente se hace allí.

            —Bueno… —YiFan cruzó sus brazos por detrás de su cabeza antes de empezar a hablar de nuevo—. La verdad es que no voy tampoco mucho por allí, solo un par de veces en semana porque la entrada no es demasiado cara.

            —Un par de veces por semana me parece mucho, YiFan —comentó el chico e, ignorando la mirada oscura que recibió, agregó—: ¿Hay alguien que te haga volver allí una y otra vez?

            —No es de tu incumbencia —respondió.

            —Sabes que si acabo trabajando allí me acabaré enterando y también sabes que no soy como ChanYeol y BaekHyun, aunque lo parezca.

            YiFan quiso responderle inmediatamente, pero la llegada del capuchino que había pedido JongDae hizo que tuviera que posponer su discurso hasta que la camarera se alejó de la mesa, contoneando sus caderas. Una vez volvieron a estar relativamente solos, habló:

            —Acabé allí una noche sin saber cómo y me gustó el lugar porque no es nada demasiado extravagante.

            —Debe de haber algo más —lo pinchó, recibiendo otra mirada que hubiera hecho temblar a cualquiera—. Solo por eso no creo que lo visites tan asiduamente.

            —La música es buena y la bebida también —siguió YiFan, pero JongDae sabía que había algo más.

            —¿Y los strippers?

            Su amigo había tomado un sorbo de su café y casi estuvo a punto de escupírselo en la cara. Si lo hubiera hecho, JongDae se habría molestado un poco, pero tampoco habría sido para tanto, nada opacaba la satisfacción interna que tenía por haber dado con el clavo. YiFan frecuentaba aquel lugar por alguno de los bailarines y ahora que se había metido en el asunto, no iba a detenerse ahí. Nunca había sido cotilla en exceso, pero había que tener en cuenta que YiFan casi nunca hablaba de sus relaciones, al contrario que BaekHyun, de hecho, se habían enterado de que era homosexual debido a un descuido del mayor de todos (ChanYeol había entrado a su habitación sin permiso y lo había encontrado en una situación bastante comprometida con otro chico, después lo había compartido con el grupo de amigos y así había sido cómo se habían enterado del tema. Cuando le preguntaron por ello al implicado no lo negó y simplemente dijo que no lo había comentado antes porque no le parecía relevante).

            —Hay alguno que te hace tilín —afirmó, no preguntó.

            —No es asunto tuyo —repitió por segunda vez en la mañana—. Lo que quieres saber es lo que se hace allí, ¿no? Pues yo te lo digo —YiFan lo miró fijamente, intentando hacer con esto que no siguiera más por ese camino y JongDae decidió que lo mejor que podía hacer era claudicar… por el momento.

            —Está bien, lo dejo estar —dijo—. Cuéntame.

            —Allí lo único que se hace es bailar sobre un escenario mientras vas quitándote ropa hasta quedarte en calzoncillos y listo —contó—, a veces puede que algún cliente te pida para que le hagas un lap dance en privado y eso se te paga aparte, así que, cuantos más lap dances, más dinero cobrarás.

            —No hay una letra pequeña en la que diga que también debes tener sexo con los clientes, ¿verdad?

            —No, MinSeok es un tío legal y nunca permitiría que nada de eso ocurriera en su local —respondió.

            —¿Conoces incluso al dueño? Madre mía, qué nivel —comentó JongDae, pero YiFan hizo como si no lo hubiera interrumpido.

            —Lo único que debes hacer es calentar al tipo con el que vayas a privado y listo —finalizó.

            —¿Entonces es solo bailar? —preguntó el chico seriamente, obteniendo un asentimiento por parte del otro—. No se me da muy bien eso, pero si solo por bailar te pagan, ¿cuánto has dicho que es?

            —No lo he dicho.

            YiFan esbozó una enigmática sonrisa antes de decirle la cantidad y JongDae empezó a pensar seriamente en que de verdad le convenía mucho conseguir un trabajo en aquel lugar.


            JongDae no podía tomar una decisión sin saber exactamente el tipo de lugar que era en el que iba a trabajar, así que, una de las noches de la siguiente semana, quedó con YiFan para ir a aquel club. Era un jueves por la noche y aunque le doliera tener que gastarse el dinero en la entrada aquel día, probablemente no tendría que gastárselo después porque lo ganaría allí, aunque eso era algo que no tenía muy seguro. Por fuera, el “Playboy” era un local más, no parecía diferente a los muchos que poblaban aquella zona; sin embargo, había un pequeño cartelito colgado en la entrada advertía del carácter homosexual de aquel lugar.

            El chico miró a su amigo mientras estaban en la cola para entrar, alzando la cabeza para poder hacerlo correctamente, y luego suspiró. Él era hetero, se sentía un poco desplazado en aquel lugar y bastante observado.

            —YiFan —murmuró, tirándole de la manga de la chaqueta para que le prestara atención. El chico se agachó a su altura para que le pudiera hablar al oído y así enterarse de lo que quería decirle—. Me siento como un trozo de carne fresca colgado en mitad de un bosque y rodeado de lobos que quieren hincarme el diente.

            —Creo que no has podido definirlo de una forma más acertada —rió el rubio—. Eres eso exactamente.

            —Me tendrías que haber avisado de esto antes de traerme aquí —comentó—. Habría tomado medidas para que no sucediese.

            —¿Qué clase de medidas? —preguntó YiFan, interesado.

            —No vestirme así, por ejemplo.

            JongDae se señaló a sí mismo y su amigo lo miró de arriba abajo. Llevaba puesto unos pitillos negros con las rodillas rotas, una camiseta blanca sin mangas y una chaqueta de cuero negra. Era algo que se habría puesto para salir algún día normal con sus amigos, pero en ese momento se sentía demasiado observado, cosa que no le pasaba en otras ocasiones. Creía recordar que eso no le había pasado jamás en la vida y no sabía cómo actuar.

            —¿Quieres que actuemos como si fuéramos pareja? —cuestionó YiFan, con una sonrisa—. Nada de besos, que tú a mí no me pones nada, pero sí alguna carantoña como las que sueles hacer cuando estamos todos.

            —Abrazos y poco más, ¿no?

            —Exacto.

            —Gracias.

            Apenas había terminado de decir aquella palabra cuando ya tenía el brazo de YiFan sobre sus hombros, apretándolo contra su cuerpo fuertemente para darle después un leve beso en la frente. No pasaron más que unos segundos cuando JongDae dejó de sentirse tan observado, aunque en realidad seguía sintiendo algunas sobre sus piernas. Algunos minutos más tarde, atravesaban la puerta del local después de pagar la correspondiente entrada.

           Por dentro, el lugar tampoco era muy diferente de lo que debían ser todos los clubes de striptease, ya fueran femeninos o masculinos. Había una barra en un lateral, mesas esparcidas por el salón y un escenario que ocupaba gran parte del fondo. JongDae no pudo evitar observarlo todo con gran detalle porque no quería perderse absolutamente nada y simplemente se dejó guiar por YiFan hacia una de las mesas, una que estaba bastante cerca del escenario y que, a pesar de eso, estaba vacía.

            —¿Tienes reserva? —cuestionó, bastante impresionado por eso.

            —No realmente —respondió el alto mientras se sentaba—. MinSeok se asegura de que esta mesa no la coja nadie porque somos amigos.

            —Vaya… entonces tienes un buen enchufe.

            —No es para tanto —rió.

            JongDae quiso decirle que sí, que era mucho, pero no pudo decir nada porque la suave música que estaba sonando hasta el momento, cambió de pronto a una mucho más rápida y con un volumen mucho más fuerte que, junto a las luces enfocadas en el escenario, hicieron que la atención de JongDae se centrara en ese lugar, perdiendo el hilo de lo que quería decir. En aquella plataforma elevada apareció la figura de un chico delgado, de piel algo más oscura que la mayoría de los coreanos y con unos ojos oscuros que cautivaban. Tenía una apariencia bastante exótica con una nariz chata y una mandíbula cuadrada.

            JongDae se acercó a YiFan para preguntarle por él, pero el muchacho comenzó a bailar de una forma tan sensual que lo dejó completamente embobado. Sus movimientos eran precisos, preciosos, perfectos. La expresión de su rostro era excitante, sexual. La forma en la que se iba quitando la ropa al ritmo de la música era demasiado incluso para una persona heterosexual, como él. El tiempo pasó volando y los pocos minutos que estuvo sobre el escenario se le hizo demasiado corto a JongDae, que quería más de aquello. Eso debió notarse en su rostro, porque escuchó la risa grave de YiFan contra su oído antes de susurrarle:

            —¿Te ha dejado impresionado? —JongDae asintió porque, ¿para qué iba a negar lo que era evidente?—. Se llama Kai y es el mejor de todo el local.

            —No creo que pueda hacer algo parecido a lo que hace él —murmuró, bastante convencido de ello—. Ya sabes que la coordinación no ha sido nunca mi gran fuerte.

            —Tranquilo, no hay nadie que le llegue a la altura en este lugar, aunque hay dos chicos que se le acercan bastante…

            —Tú si eso húndeme más —murmuró el chico—. Como si no estuviera yo ya acomplejado por mi baile.

            —No hace falta que bailes bien —sonrió YiFan—. Lo que la gente quiere ver es cómo te quedas en calzoncillos, lo otro es secundario.

            —Pervertido —casi gritó JongDae de broma, pero realmente estaba bastante preocupado porque in empleo que no parecía demasiado complicado, finalmente sí que iba a tener algunos problemas técnicos que estaba seguro de que no iba a poder solucionar.

            —Hablando seriamente… —dijo su amigo, sacándolo de sus pensamientos—. ¿Qué te parece esto?

            —Creo que tengo que pensármelo.


            Cuando el teléfono de JongDae comenzó a sonar el sábado por la noche creyó que quien lo llamaba era BaekHyun o ChanYeol para intentar convencerlo de que saliera con ellos esa noche por Hongdae, pero se llevó una gran sorpresa al ver que en la pantalla, la foto que aparecía era la de su chica. Con una sonrisa en sus labios, descolgó la llamaba y se llevó el teléfono a la oreja para escuchar lo que BoMi tenía que decirle.

            —Dime, pequeña —murmuró—. ¿Sucede algo?

            —No pasa nada malo —respondió, así que JongDae no se preocupó—. Solo quería decirte que desde este momento y hasta dentro de una semana estoy sola en mi casa, completamente sola.

            El chico no podía ver la expresión del rostro de BoMi, pero sabía perfectamente cuál era la que adornaba su rostro, una sonrisa pícara y unos ojos brillantes de deseo. Obviamente llevaba tiempo planeando lo que iba a suceder esa noche y JongDae se sentía a gusto con aquello. Desde que había terminado el semestre anterior, después del júbilo de la finalización de los exámenes no habían podido tener ningún momento para ellos, para estar juntos íntimamente y, aunque el chico no lo hubiera notado antes porque su cabeza había tenido demasiadas cosas en las que pensar, se notaba necesitado por sentir el cuerpo de su chica contra el suyo, piel con piel.

            —En una hora estoy allí —le aseguró.

            —Estaré lista para ti cuando llegues —contestó ella, intentando sonar sexy, aunque no le hacía falta, JongDae ya había comenzado a imaginarla desnuda sobre su cama.

            —Ojalá viviera más cerca de ti para poder estar allí ya —dijo, y la escuchó reír con ganas al otro lado de la línea antes de colgar.


            El lunes siguiente después de pasar todo el fin de semana con su chica, Kim JongDae ya había tomado una decisión sobre lo que quería hacer con el trabajo. Había tenido muchísimas dudas, demasiadas quizás, porque no era un empleo muy común, pero pagaban bien y no le iba a quitar mucho tiempo de sus estudios, así que finalmente había decidido que hablaría con YiFan para que lo llevase de nuevo a aquel local y así poder presentarse ante el dueño del lugar para ver si lo contrataba.

            Por eso, esa misma mañana, le mandó un mensaje a su amigo para quedar los dos a comer en la hora del almuerzo y ultimar los detalles antes de presentarse aquella noche en el club.

            —¿Crees que tengo posibilidades? —le preguntó después de tragar el bocado que le había dado a su hamburguesa—. Quiero decir, el tal Kai bailaba de muerte y encima estaba bueno.

            —Ayudaría que tuvieras abdominales —comentó el otro—, pero creo que lo que están buscando es a un chico delgado y guapo, como el anterior bailarín, les da igual que estés bueno.

            —¿Estás completamente seguro de ello? —cuestionó—. Porque como me esté haciendo ilusiones de que voy a cobrar un pastón solo por quedarme en calzoncillos delante de la gente y luego no me contraten por tirillas te capo.

            —Estuve hablando con MinSeok después de que te fueras la última vez —respondió—, le enseñé una foto tuya y me dijo que lo único que necesitaba para contratarte era que te pasaras por allí y firmaras el contrato.

            —Pero…

            —No me des las gracias por agilizar los trámites —murmuró YiFan—. Ni pienses en hacerlo siquiera —JongDae quiso hablar pero antes de que pudiera decir nada, su amigo continuó—. Si quieres pasarte esta tarde antes de que abran se lo digo a MinSeok para que te espere en su despacho.

            YiFan se puso a comer después de aquello, dando por finalizada la conversación, pero JongDae tenía una última cosa que decirle antes de pasar a devorar su hamburguesa también.

            —Muchas gracias.


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