domingo, 4 de septiembre de 2016

(BamMin) 첫사랑 (First Love) -Serial- Prólogo


Título: 첫사랑 (First Love)

Pareja: BamMin (BamBam + JiMin) [GOT15 – GOT7 + 15&]

Tipo: Hetero

Géneros: Romance | Drama | Smut

Clasificación: NC–17

Descripción: Una noche de sexo amenaza con romper la amistad que BamBam y JiMin han forjado durante años.

Advertencias: Mención a cosas pervertidas, relaciones sexuales y esas cosas.

Aclaraciones: Para la persona que no haya salido de su cueva hasta este momento y no sepa de qué va la cosa, le dejo esto aquí para que se documente y tome conciencia de lo que va a leer.

Notas: OK. I’m not okay, seriously. BamBam hurts me a lot with his declaration and I couldn’t stop myself. I hope you like it.


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Prologue
How do you know Im not big?


JiMin estaba tumbada en su cama, con el pijama ya puesto y cotilleando desde su teléfono móvil diversas redes sociales y riendo de vez en cuando por los comentarios que encontraba sobre el suceso de aquel día. BamBam había sido demasiado explícito en la grabación del día anterior en el After School Club y las redes ardían llenas de comentarios —la mayoría balbuceos sin sentido— de las fans que habían visto el programa en directo y que lo habían oído. En el momento, la chica se había quedado un par de segundos en blanco, pero después intentó contratacar, haciendo que el entuerto se volviera peor de lo que ya era. Realmente no se esperaba que su amigo fuera a decir aquello, menos ponerla a ella entre la espada y la pared de esa manera, porque delante de las cámaras, hasta ese mismo día, se había comportado de forma medianamente decente y no había hecho ese tipo de bromas a las que, en los últimos tiempos, JiMin se había acostumbrado ya a escuchar.

La chica estaba tan ensimismada en su tarea, que no se dio cuenta de cuándo la puerta del pequeño apartamento que compartía con YeRin, su compañera de grupo, se abría y cerraba; tampoco escuchó unos pasos decididos caminar por el corto pasillo hasta llegar hasta la misma puerta de su habitación. Por este motivo, cuando giró su cabeza y se encontró en el vano a BamBam, tiró el móvil a la otra punta del cuarto y gritó por el susto que se acababa de llevar.

—¿Qué cojones haces aquí? —le cuestionó, levantándose de la cama y caminando hacia él, dispuesta a echarlo de su casa. Ya era tarde, ya era muy tarde, de hecho—. No te di la clave del piso para que entraras a altas horas de la madrugada, ¿sabes? —colocó las manos contra su pecho y le dio un leve empujón, podría habérselo dado más fuerte, pero iba a subir poco a poco la intensidad de sus golpes hasta que lo sacara de allí.

—Era el único momento que tenía libre —le contestó—, y tenía que hablar contigo.

—Podías haberme llamado o contármelo por kakao —contestó, a la defensiva, cruzándose de brazos al instante de caer en que no llevaba sujetador.

—Era importante —replicó él—. Y no es algo que pueda hacerse por teléfono.

—¿Tan importante era que has tenido que venir en plena madrugada y sin avisarme siquiera de que lo hacías? —JiMin enarcó una ceja, evidenciando que no lo creía.

—Muy importante.

BamBam la miró fijamente, como si de aquella forma pudiera transmitirle la importancia del desconocido asunto. A JiMin no le quedó más que suspirar y claudicar. Cuanto antes hablaran, antes saldría el chico de allí y menos riesgos habría de que alguien lo viera rondando su piso, lo reconociera y comenzaran a salir rumores… si es que no lo habían seguido y ya había comenzado todo. La chica tuvo la imperiosa necesidad de coger el móvil del lugar en el que hubiera caído y mirar las últimas noticias, pero se contuvo.

—Muy bien. Dime de qué se trata —y al segundo de decir aquellas palabras se arrepintió del todo porque la expresión en el rostro de su amigo no presagiaba nada bueno. Esa sonrisa cínica y aquellos ojos entornados que miraban desde arriba siempre habían sido el anuncio de que algo pervertido iba a salir de su boca. JiMin quiso tapar sus oídos, pero no pudo coordinar sus manos ante lo que siguió.

—Quiero enseñarte lo grande que soy.

BamBam se bajó los pantalones y calzoncillos sin dejar tiempo a nada y JiMin quiso taparse los ojos y los pechos a la vez y al final no pudo hacer nada coherente con sus manos más que dejarlas laxas una a cada lado de su cuerpo y abrir su boca al máximo durante unos segundos fatídicos. Si hubiera sido capaz de coordinarse, podría haber evitado la forma en la que ahora el chico la observaba, envuelto en tanto ego masculino que era insoportable estar siquiera en la misma habitación con él —aunque técnicamente no lo estaban, porque él seguía en el pasillo—. JiMin acertó a mover correctamente sus brazos unos momentos después y se cubrió los ojos con una mano y los pechos con la otra, pero ya era tarde, porque había visto cómo el miembro de BamBam se alzaba, mostrándole todo su esplendor y que realmente no mentía cuando aquella misma mañana había hecho aquellas declaraciones tan inesperadas.

—Tenía yo razón, ¿cierto? —le comentó él. JiMin sintió su voz más cerca de ella de lo que lo había estado antes y por puro instinto dio un paso hacia atrás, alejándose—. Oh, vamos. No seas tímida —rió—. Somos amigos.

—Seremos todo lo amigos que tú quieras —respondió—, pero no es cosa que vengas a desnudarte a mi casa para demostrarme nada.

—Oh, venga —se quejó BamBam—. ¿De verdad no quieres sentir lo grande que soy? —la chica sintió cómo un repentino calor se subió a sus mejillas y supo sin tener que verse que se acababa de sonrojar como una idiota ante la insinuación que le acababa de hacer—. Muchas chicas pagarían por estar en tu lugar, lo sabes, ¿no?

—Yo no soy ninguna de esas chicas —alcanzó a responder, intentando parecer calmada… pero en eso se quedó, en el intento, ya que perdió toda la compostura cuando él le quitó la mano de los ojos y lo vio tan cerca de ella, con aquella ceja levantada sugerentemente, un brillo salvaje en sus ojos y los labios húmedos.

—Mentirosa —jadeó con voz ronca demasiado cerca de su rostro, tan cerca, que sintió su aliento chocar contra sus labios y un escalofrío recorrió su columna vertebral de arriba abajo—. Eres una mentirosa… —repitió y JiMin no supo por qué, pero comenzó a sentir cómo el mismo calor que se había alojado en sus mejillas, decidía instalarse en su entrepierna.

—BamBam… —susurró su nombre, queriendo decir algo pero sin saber qué era lo que realmente quería decir porque acababa de perderse en los ojos castaños del chico y en el deseo que éstos mostraban.

—JiMin… —gimió él a un centímetro escaso de sus labios antes de besarlos.

Cuando los labios de BamBam se encontraron con los suyos, JiMin no pudo hacer otra cosa más que responder el beso que éstos requerían de una forma lenta, pero a la vez demandante mientras en su cabeza libraba una batalla contra el caos de pensamientos y sentimientos que cruzaban por su mente en aquellos momentos. Se estaba besando con su mejor amigo y lo peor, le estaba gustando; se sentía excitada también, por el beso, por sus palabras susurradas en un tono de voz que jamás le había escuchado, por el deseo que mostraban sus ojos y por su miembro erguido sin ninguna vergüenza clamando a gritos atención. La lengua del chico pidió permiso para entrar en su boca y JiMin no tuvo fuerzas para denegarle el acceso, así que, simplemente se dejó llevar y exploró igualmente aquella cavidad desconocida hasta que, por falta de aliento tuvieron que separarse.

—Creía que me ibas a alejar —murmuró BamBam, todavía cerca de ella, demasiado cerca—. Que me ibas a sacar a empujones fuera del piso incluso con los pantalones bajados.

—Yo también lo creía —respondió, sin saber exactamente dónde mirar, porque quería evitar sus ojos o sus labios—. Era mi intención hacerlo.

—¿Y por qué…? —comenzó el chico, pero ella no lo dejó terminar, sabiendo perfectamente qué era lo que iba a decir a continuación, así que, terminó su frase por él.

—¿Por qué no lo he hecho? —JiMin suspiró. Su mente seguía demasiado confusa, además de en un estado de aletargamiento severo—. No lo sé, sinceramente.

—Ése “no lo sé”… ¿puede significar que tengo una opción? ¿Por mínima que sea? —la chica alzó su vista hacia los ojos del chico, mirándolo por primera vez desde el beso y encontrando en su rostro una expresión seria, sincera, sin rastro del BamBam juguetón que ella bien conocía, y aún con el brillo de deseo en su mirada.

—No lo sé —repitió, aunque aquella vez, en su mente, había estado más cerca del sí que del no, pero eso era algo que él no tenía por qué saber.

—¿Puedo…? —el chico se aclaró la garganta, buscando las palabras adecuadas—. ¿Puedo pasar la noche contigo? Sin ataduras, sin consecuencias… —se apresuró a añadir—. Solo siendo tú y yo, dos personas que… —volvió a trabarse y se mordió el labio inferior, frustrado por no encontrar en su vocabulario de coreano lo que quería decir.

—Creo que… te entiendo —murmuró ella—. Lo entiendo…

—¿Y cuál es tu respuesta?

JiMin tenía que haberlo pensado. Tenía que haberle dado mil vueltas en su cabeza a aquel asunto. Pero en aquel momento solo pudo asentir levemente y sentir una oleada de deseo recorrer su cuerpo ante lo que sabía que iba a comenzar en los próximos segundos. Si hubiera estado en su sano juicio, habría echado a BamBam de su casa antes de que nada hubiera podido ocurrir, pero ya era demasiado tarde para aquello y no podía parar lo que se avecinaba. Se acababa de tirar al vacío sin una red de seguridad debajo y lo peor era que en lo más hondo de su ser no le importaba en absoluto.

BamBam volvió a besarla, pero esta vez fue un roce breve, sin ningún indicio del pecado que ambos estaban a punto de cometer. Después, colocó sus manos en su cintura de una forma tímida, invitándola suavemente a caminar hacia atrás hasta que la cama le cortara el paso. JiMin lo hizo, despacio. Cuando chocó con el borde del colchón, se sentó suavemente sobre éste y alzó su mirada hasta posar sus ojos en los de él para no observar fijamente su miembro, que había quedado a la altura de su vista y a escasos centímetros de su rostro. Buscó en la expresión del chico alguna indicación silenciosa de si quería algo especial al estar en aquella posición, pero no encontró ningún signo de ello, así que, alzó sus manos y las posó en los hombros de BamBam, buscando atraerlo hacia ella para así poder atrapar sus labios en un beso un poco más necesitado que los dejó a ambos sin respiración.

—Vaya… —murmuró él—. Besas muy bien…

—No es algo que ya no supiera —contestó ella, con un poco de soberbia antes de volver a besarlo en los labios, aunque más suavemente y con tacto.

Las manos de BamBam, sin poder estarse quietas, acabaron en el filo de la camiseta de su pijama e hicieron el amago de comenzar a subirla; sin embargo, no hizo nada hasta que la chica no dio su mudo consentimiento a aquello tras finalizar el último beso. En ese momento, su camiseta fue rápidamente alzada y retirada de su cuerpo, dejando a la vista del chico sus pechos, aquellos que antes había intentado tapar hacía sólo algunos minutos por vergüenza. Tuvo el amago de volver a hacerlo, pero un pensamiento fugaz cruzó su mente y supo que no debía, después de todo, BamBam llevaba medio desnudo bastante rato y ella no había podido evitar darle pequeños vistazos a su miembro de vez en cuando. Él miró fijamente sus pechos unos segundos y luego se mordió el labio inferior con fuerza. Justo después, se sacó con furia la camiseta que llevaba por la cabeza y pateó la mitad inferior de su ropa —que llevaba atascada en sus tobillos un poco de tiempo— lejos antes de subirse a la cama y gatear por ella hasta quedarse más o menos en el centro de esta, esperando a que JiMin se colocara bien. Ella no tardó en hacerlo.

El deseo que se desprendía de los ojos de BamBam al observarla era demasiado excitante para ella y, casi sin darse cuenta, sabía que se encontraba más que preparada para acogerlo entre sus piernas. Sonrió para él y alzó su brazo derecho, comenzando a mover su dedo índice en una clara invitación para que se acercara mucho más a su cuerpo de lo que estaba en aquellos momentos y el chico, al segundo, se encontraba buscando con sus labios su cuello para atacarla en un lugar que él sabía que era sensible incluso al roce más inocente. De aquella forma, le arrancó el primer gemido desde el fondo de su garganta y JiMin sintió la imperiosa necesidad de dejar de lado todos los juegos preliminares habidos y por haber y pasar directamente a lo que sabía que ambos deseaban.

—No se te ocurra dejar marca —fue lo que dijo ella en primer lugar, sin embargo, y escuchó la risa de BamBam vibrar contra su garganta—. Y… ya… —murmuró.

—¿Ya qué? —cuestionó él, alejándose un poco para poder mirarla.

—Ya —JiMin señaló su miembro y luego su propia entrepierna antes de sentir el calor subiendo a sus mejillas de nuevo.

—Oh… —el chico tardó unos momentos en pillarlo, pero luego sonrió pícaramente—. No eres nada romántica, parece —comentó—. Solo quieres ir al grano.

—Oh, calla.

Le pegó un golpe en el brazo y después quiso esconder su cara en la almohada, pero no le fue posible porque BamBam, repentinamente agarró la cinturilla de la parte inferior de su pijama y tiró un poco hacia abajo, dejando a la vista la gomilla azul de sus braguitas. La miró a los ojos una vez más y, con la mirada clavada en ellos, fue deslizando lentamente la prenda por sus piernas hasta terminar de sacarla por sus pies, dejándola casi totalmente expuesta a él. El chico volvió a llevar sus manos a su cintura, para esta vez retirar la última prenda que le faltaba y repitió el proceso anterior, aunque aquella vez, con una velocidad mayor, movido seguramente por el mismo deseo que mantenía erguido su miembro. Una vez sus braguitas fueron a parar a algún lugar de la habitación —lugar que por la mañana JiMin estaba segura que se volvería loca para encontrar—, se deleitó unos momentos en observarla en su totalidad como si fuera un lobo delante de su presa.

—Supongo que te gusta lo que ves… —comentó ella, sin poder contener una sonrisa.

—Eres preciosa —contestó, acercándose a su rostro para besar su sonrisa durante unos momentos—. ¿Tienes… protección? —murmuró quedamente, como si decir aquello todavía le diera algo de reparo. JiMin supuso en aquel momento que se había estado haciendo el fuerte durante todo el rato y que, al igual que ella, aún no tenía demasiada experiencia en el sexo.

—Debo… —susurró. Se alejó de él un poco y buscó en el segundo cajón de su mesita de noche, encontrando un par de cordones. Los separó por la línea de puntos y dejó uno sobre la mesita por si acaso, dándole el otro a BamBam para que se lo fuera colocando.

El chico estaba lleno de anticipación, porque no tardó ni un segundo en romper el envoltorio con sus dientes para así poder abrirlo y sacar el condón con rapidez, ajustándoselo a su miembro. Por un momento, JiMin temió que no le sirviera por el tamaño, pero éste no tuvo problemas en quedarse en su sitio, como si hubiera sido hecho para él precisamente. BamBam la pilló observándolo e hizo la misma afirmación que ella misma había hecho unos momentos antes.

—A ti también te gusta lo que ves —ella no hizo nada para negarlo, pero tampoco para afirmarlo, simplemente, se acomodó sobre la cama hasta quedar casi tumbada sobre ésta y separó sus piernas levemente en una clara y sensual invitación… invitación que BamBam no dudó en aceptar.

El chico se inclinó sobre ella, abrió sus piernas lo justo para poder pasar entre ellas y después guió su miembro hacia la parte húmeda de su anatomía, que había estado esperando por albergarlo quizás demasiado tiempo desde que todo aquello había comenzado. Lentamente, se fue internando en ella, con pequeños movimientos de su pelvis hacia delante y detrás, colmándola poco a poco hasta por fin llegar más hondo de lo que ninguna otra persona había llegado nunca. Aquello la dejó sin aire unos segundos, pero cuando pudo recuperarlo, movió sus caderas con decisión, comenzando un baile que estaba segura de que quería que durara toda la vida, pero que sabía que no iba a tardar mucho en acabar.

A JiMin le gustaba el sonido de sus respiraciones agitadas, de los muelles del colchón; le gustaba cómo su piel se estaba volviendo pegajosa por el sudor, la temperatura cálida que sus cuerpos habían extendido a la habitación; le gustaba el movimiento de las caderas de BamBam y cómo se mordía el labio en un gesto de máxima concentración que nunca antes había visto. A JiMin le gustaba todo aquello, mientras sentía el deseo acumularse dentro de ella, queriendo estallar en cualquier momento y destapar el universo de sus ojos. Aceleró los movimientos de su pelvis a la vez que el chico y ambos buscaron el hallar el máximo placer durante los siguientes minutos, hasta que, éste finalmente les llegó, haciendo que los dedos de sus pies se encogieran y que los de sus manos arrugaran las sábanas que se encontraban a su alcance.


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